Y seguiremos llevándolo

Hace cuatro años nació el Dorsal 32 
Nuestro Dorsal 32. 
El de Fernando Leira Almagro. 


El que sirve para gritar en cada carrera que corremos y por cada persona que lo lleva que la ELA existe. La ELA y el resto de enfermedades huérfanas o raras, de esas a las que dedica escasa o nula atención en la investigación. 
El que utilizamos precisamente para hacer visible que hay personas que sufren, y mucho, y finalmente mueren, o ven morir a alguien a quien quieren, con casi todos mirando hacia otro lado sin pararse a pensar que ninguno somos inmunes a que algo así nos pueda suceder. 

Pero el Dorsal 32 es mucho más. 
Durante los más de tres años que Fernando lo impulsó personalmente lo impregnó de su enorme personalidad y de su forma de ver la vida. 
Llevar el #Dorsal 32 es decir la ELA existe, no mires hacia otro lado, es imprescindible investigar, pero es también un símbolo del inmenso legado que nos dejó Fernando. 
Es decir que la vida, a pesar de todo y aún en las peores circunstancias merece la pena. Que hay que afrontar las dificultades, sin miedo, con una sonrisa y dándoles el lugar y la importancia que merecen. Que no hay que perder ninguna oportunidad de ser feliz. Que no hay que dejarse vencer ante cualquier problema cuando hay personas que cada día pelean incluso hasta por la siguiente respiración. 

Un día Fernando me hizo la pregunta más difícil que me hayan hecho jamás ¿por qué me pasa esto a mí? Obviamente no tuve entonces, ni tengo ahora, respuesta para eso pero sí sé lo que Fernando consiguió con su enfermedad: enseñarnos a todos  que no cabe bajar los brazos, que hay que seguir adelante, que hay que disfrutar del maratón de la vida y llegar a su meta con la mejor de las sonrisas. 
Porque sino nada habrá merecido la pena. 
Llevar el Dorsal 32 es decir, siempre, la ELA existe y la vida con una sonrisa. 
¿Te unes?


(Para llevar el Dorsal 32 basta con imprimirlo. Y si quieres compartir en las redes con todos tu experiencia utiliza los hastag #Dorsal32 #laELAexiste y #lavidaconunasonrisa). 

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Si alguna vez corro un maratón será el de Nueva York (por Susana)

Así pensaba cuando ni siquiera me veía capaz de terminar un diez mil con garantías.

Uno de esos sueños que percibes casi como imposibles. Imposible por poder correr un maratón e imposible porque este fuera precisamente el de Nueva York.
Con 40 años no había corrido más allá de cien metros seguidos pero el día que me puse unas zapatillas e hice el primer kilómetro por el kilometrín de Gijón supe que iba a ser difícil que algo me alejara de esa sensación de libertad y superación que se consigue corriendo.
Correr me salvo de la ansiedad, el estrés y la depresión pero no solo supuso eliminar aspectos negativos. Correr puso en mi camino personas y causas que dieron un nuevo sentido a todo lo que había sido hasta ese momento.

Y una de esas personas, la más especial, fue Fernando.
La razón fundamental de correr con el Dorsal 32 es hacer visible la enfermedad rara o huérfana, como a él le gustaba llamarla, de la ELA, pero hay un motivo personal que también es igual o incluso más fuerte.


Correr con el Dorsal 32 es pensar a cada zancada que doy que tengo la suerte infinita de estar bien, de poder respirar, sonreír y vivir sin el peso de ninguna enfermedad. Es recordar que hay muchas personas que no pueden decir lo mismo y aún así son capaces de respirar, sonreír y vivir y además superarse cada día.
Por eso soy muy consciente de que no tengo excusas para quejarme, para dejarme ganar por la desgana o las malas sensaciones. Y también por eso nuestro lema es siempre "la vida con una sonrisa".
Cuando el año pasado pude terminar mi primer maratón, le prometí a Fernando traerle la medalla del de Nueva York. Más grande, más bonita, más especial, infinitamente diferente...

Cuando recogí esa medalla en Central Park con la emoción inmensa de haber terminado la carrera más intensa de mi vida, no solo cumplí aquel viejo sueño que tan imposible parecía, ahora eso ya era lo de menos, recogí esa medalla para ti Fer dondequiera que estés. Porque esos 42 kilómetros y 195 metros y todos los entrenamientos previos, con sus momentos buenos y con sus dudas y sus miedos,  los recorrí con todo lo que aprendí de ti sobre la vida, la fuerza, el amor, las ganas de seguir... y la forma de mantener siempre la sonrisa.
Porque, como dice Alberto Barrantes, que como auténtico Caballero Jedi siempre me acompaña a las metas más difíciles, la sonrisa funciona de afuera hacia adentro y a la inversa.
Gracias por tanto Fer. Siempre mis kilómetros serán con mis piernas y tu corazón.
Este maratón, el de Nueva York por fin, también es para ti.


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